Juan Diego Botto escribe y protagoniza Una noche sin luna, una obra conmovedora y sorprendente que habla de Lorca desde una sensibilidad del siglo XXI, como si el propio Federico estuviera hoy entre nosotros, en el escenario del Gran Teatro, que acoge el montaje mañana viernes (20:00 horas). La dirección corre a cargo de Sergio Peris-Mencheta, en lo que supone una nueva colaboración con el actor hispano-argentino tras el éxito de Un trozo invisible de este mundo, ganadora de 4 Premios Max. El tándem creativo que componen vuelve a proponer al público una sugerente experiencia  teatral.

Estrenada el pasado mes de noviembre en Vitoria,  Una noche sin luna es un monólogo que recoge los aspectos menos conocidos de la vida y los textos de Federico García Lorca y, a la vez, una pieza viva, atrevida y dinámica en la que a través de sus creaciones y su mundo alcanzamos a conocer nuestra propia realidad.

La obra reúne entrevistas, charlas y conferencias del autor granadino, así como fragmentos de sus obras  y algunos de sus poemas. A través de estos y de la dramaturgia de Botto, el propio Lorca nos acerca a su mundo. Con mucha ironía, emotividad y sentido del humor, va relatando su paso por la Residencia de Estudiantes, las críticas recibidas por Yerma, su experiencia en La Barraca, su relación con la prensa, sus amores, la tensión de sus últimos años, y con todo ello el espectador se va aproximando a temas como el papel de la mujer bajo su mirada siempre poética y reivindicativa, la necesidad de la libertad artística y de expresión, la lucha por la libertad de identidad sexual o la importancia de la memoria y las raíces.

En palabras de Botto, “tocamos los aspectos menos folclóricos, menos representativos de Lorca: tratamos de centrarnos más en la persona que en la figura literaria”.  La pieza, añade, va recorriendo algunos de su momentos vitales y de las decisiones que fue tomando. Por ejemplo “cómo Lorca fue adquiriendo un compromiso ideológico, político y ético cada vez mayor, multiplicado con la aparición de la República, en el que asume un papel importante a través de La Barraca y cómo eso fue determinante a la hora de su fusilamiento”.

La obra puede provocar reacciones encontradas en el público, y el actor lo reconoce. “Ya lo sabía -dice-, pero yo incito al espectador a que me responda, y eventualmente lo harán. Habrá quien lo haga favorablemente y y otros que no, pero esa es la propuesta escénica. Como reza el reto que preside la Sala Mirador, “cuando los parlamentos son un teatro, el teatro debe ser un parlamento”. Creo que fomentar el debate, el diálogo, el pensamiento, la crítica, es parte de nuestra tarea como creadores”.

El montaje plantea un juego escénico de gran formato. Una obra  donde la escena es tan dinámica como el propio texto y casi un personaje más. El juego escenográfico, las imágenes que se generan tiene un papel fundamentas en la función, al igual que la música, otro elemento de gran importancia.

La luna es una presencia constante en la obra de Lorca, una compañera literaria que lo acompañó desde sus primeros poemas hasta sus últimas obras. Cuenta Ian Gibson, considerado uno de sus más certeros biógrafos, que la noche en que llevaron al poeta al barranco de Víznar para fusilarlo, esa precisa noche, fue una noche sin luna.

Gabinete de Prensa IMAE

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