En las tierras del Alto Egipto, florecía la Estirpe de las Hijas del Saíd. En una celebración de orgullo y alegría, las mujeres de la aldea hacían girar sus bastones golpeando la tierra con el ritmo del corazón. A su lado, las niñas daban sus primeros pasos, aprendiendo la dulzura del alma a través de la danza. Ellas eran las protectoras del Gran Espejo de Obsidiana, el símbolo del honor de su pueblo.
En el corazón de este mundo, la humanidad se contemplaba en el Gran Espejo de Obsidiana Sagrada, una reliquia volcánica que no devolvía la imagen del rostro, sino la pureza y armonía del alma.
Sin embargo, cuando el ego y la discordia se filtraron en los corazones, la vibración se rompió. El espejo no pudo soportar el peso y estalló en cuatro pedazos de piedra negra.
Para proteger los restos de esa verdad perdida, surgieron las Guardianas, cuatro linajes de mujeres destinadas a custodiar los fragmentos en los rincones más remotos de la existencia, esperando el día en que el amor volviera a ser el lenguaje universal.
Grupo de baile, Academia Ashira Danza, bajo la dirección de Carolina Prior.





